Morir dulcemente,
allí dónde el abismo se hace
destino sediento
de nuestra última imagen,
esa que no podemos detener,
y ahí está de pronto
vívida entre cien sombras derrumbadas.
Así crecer
me asusta tanto o más
que dejar de ser,
aunque el cuchillo siga clavado
en mi carne
y tú, sumergida en mi vileza empieces a jadear.
jueves, 19 de junio de 2008
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