Leo como nos despertamos entre flores, veo por la ventana una flor de petalos rojos color rubi en el cantero. Desde mi pecho llega ese olor dulce, inconfundible, a primavera...
Debo confesarte Tremaine que me has hecho poner colorada.
De a ratos me vuelvo hacia la ventana, esperando. Me da miedo que hayas pasado y la fatalidad me encontrara de espaldas.
Quisiera cortar la flor. Ponerla en algun lugar cercano. Me abstengo.
Me asusta que ese acto cotidiano de cortar una flor, aniquile para siempre esos paises de estrellas y luciernagas que solo construyen de noche, sobre la hierba mojada de murmullos.
Sigamos jugando, hasta quedar rendidos en el pasto. Quiero despertarme con una flor tatuada en el pecho, otra vez...
Y por favor no olvides nuestra cita de esta noche, y todas las noches, en una plaza cualquiera del sueño, para regalarnos una flor, un pastito, aunque sea una pelusa.
miércoles, 31 de octubre de 2007
martes, 30 de octubre de 2007
DESPERTAREMOS LLENOS DE FLORES
Miraban las luciérnagas que correteaban por el cielo, despidiendo grandes esplendores al tocarse. Siete de ellas, arriba, en el oscuro follaje de los árboles temblorosos, mimaban una danza nupcial. De vez en cuando volutas de noche las ocultaban.
Tremaine permanecía recostado, un rayo de luna alumbraba su rostro. No quería perder ni un segundo el contacto con la hierba bruñida de gotas de rocío. Lady Ligeia estaba muy cerca de él y el aroma de su cuerpo se mezclaba con los perfumes de la tierra y la hierba.
Desde que la tarde en un ligero estallido de fulgores se había ocultado tras las hojas, Mr Tremaine y Lady Ligeia , permanecían acostados en el suelo, como niños, jugando, riendo, ahuecando el cielo de preguntas, inventando países de ensueño. Juntos buscaban una inmensidad que se les negaba. Íntimamente sabían que mientras estuviesen juntos jamás necesitarían de otros, para qué, si ellos eran todo a la vez. Plenitud, correspondencia, complicidad.
Ambos sabían que esta noche era diferente. Podían presentirlo. Por encima de ellos se abrían brechas de vacío, acosadas por una oscuridad móvil que por momentos sustraía a los astros de su vista.
Callaron. Mr Tremaine tomó una flor de pétalos rojos que brillaban como zafiros. Aspiró su perfume y la depositó sobre el pecho de Lady Ligeia, allí dónde empezaba su vestido, justo entre sus senos.
Pronto los alcanzaría el alba, les daría un pedazo de sol para que armen el día a su gusto. Ella sugirió una alborada con luz de claveles, manojos de nubes rosadas, una pestaña de sol y una botella llena de espuma con un mensaje de amor dentro. Él se quedó en silencio, saboreando cada una de las palabras que ella había pronunciado.
- ¿Y sí nos quedamos a dormir aquí? - murmuró ella.- Podríamos. -dijo él- Lo estaba pensando hace un rato mientras jugaba con tu pelo.
Su mejilla se recostó sobre el hombro de Lady Ligeia, que yacía con los ojos cerrados.
- Despertaremos llenos de flores-añadió ella.
Tremaine la abrazó. Una leve brisa agitó los pastos y sus cuerpos se rozaron.
Durmieron.
Tremaine permanecía recostado, un rayo de luna alumbraba su rostro. No quería perder ni un segundo el contacto con la hierba bruñida de gotas de rocío. Lady Ligeia estaba muy cerca de él y el aroma de su cuerpo se mezclaba con los perfumes de la tierra y la hierba.
Desde que la tarde en un ligero estallido de fulgores se había ocultado tras las hojas, Mr Tremaine y Lady Ligeia , permanecían acostados en el suelo, como niños, jugando, riendo, ahuecando el cielo de preguntas, inventando países de ensueño. Juntos buscaban una inmensidad que se les negaba. Íntimamente sabían que mientras estuviesen juntos jamás necesitarían de otros, para qué, si ellos eran todo a la vez. Plenitud, correspondencia, complicidad.
Ambos sabían que esta noche era diferente. Podían presentirlo. Por encima de ellos se abrían brechas de vacío, acosadas por una oscuridad móvil que por momentos sustraía a los astros de su vista.
Callaron. Mr Tremaine tomó una flor de pétalos rojos que brillaban como zafiros. Aspiró su perfume y la depositó sobre el pecho de Lady Ligeia, allí dónde empezaba su vestido, justo entre sus senos.
Pronto los alcanzaría el alba, les daría un pedazo de sol para que armen el día a su gusto. Ella sugirió una alborada con luz de claveles, manojos de nubes rosadas, una pestaña de sol y una botella llena de espuma con un mensaje de amor dentro. Él se quedó en silencio, saboreando cada una de las palabras que ella había pronunciado.
- ¿Y sí nos quedamos a dormir aquí? - murmuró ella.- Podríamos. -dijo él- Lo estaba pensando hace un rato mientras jugaba con tu pelo.
Su mejilla se recostó sobre el hombro de Lady Ligeia, que yacía con los ojos cerrados.
- Despertaremos llenos de flores-añadió ella.
Tremaine la abrazó. Una leve brisa agitó los pastos y sus cuerpos se rozaron.
Durmieron.
lunes, 29 de octubre de 2007
Objetos Perdidos
Por veredas de sueño y habitaciones sordas
tus rendidos veranos me aceleran con sus cantos
Una cifra vigilante y sigilosa
va por los arrabales llamándome y llamándome
pero qué falta, dime, en la tarjeta diminuta
donde están tu nombre, tu calle y tu desvelo
si la cifra se mezcla con las letras del sueño,
si solamente estás donde ya no te busco.
tus rendidos veranos me aceleran con sus cantos
Una cifra vigilante y sigilosa
va por los arrabales llamándome y llamándome
pero qué falta, dime, en la tarjeta diminuta
donde están tu nombre, tu calle y tu desvelo
si la cifra se mezcla con las letras del sueño,
si solamente estás donde ya no te busco.
Julio Cortazar.
sábado, 27 de octubre de 2007
UNO
Puedo oír los pasos de las personas que pasan arrastrando los pies por la vereda, repleta de hojarascas. Los pasos de una chica que lejos, en otra casa, baja las escaleras y el ruido de sus pies descalzos se confunde con el ruido de la noche que es igual y distinto en todas partes. Cómo un leve estremecimiento de juncos desvalidos. Entonces me levanto de mi cama que parece flotar en una oscura levitación y me pregunto: ¿Qué hago en esta casa?
La valija ya esta lista, no tiene demasiadas cosas, bah lo imprescindible: algunos libros, unos discos y unos cuantos papeles arrugados, en los cuales, tal vez anidan todas las ilusiones que me he hecho en todo esto tiempo que pasó. Ilusiones, sueños que fui desparramando a lo largo de hojas que masticaba el insomnio… Apuntes con los que se llenaban noches imposibles, transitadas con la mente a oscuras …
Apenas trasponga la puerta, empezará el camino hacia el encuentro… ese encuentro que a lo largo de los años, permaneció irredento, cómo si se tratara de un sitio lejano, secreto, paradisíaco, casi inconcebible en la sórdida cotidianeidad de los días pasados …
Lady Ligeia aguarda, tal vez se recuerda niña, la niña que era entonces, cuando su persona apenas si alcanzaba a proyectar una delgada sombra sobre la tierra, bajo el sol del verano, y sobre cuya cabeza cubierta de ágiles mariposas pasaban lentamente las nubes …
El encuentro, imagino, será como una fiesta: el mundo, nuestro mundo y su muchedumbre de cosas. Todo fiesta; hasta el dolor y la alegría fiesta y goce …
Algo que se inicia con la misma violencia dulce de la alborada, que eclosiona al pie de un árbol, en medio del bosque; y crece hasta devorarlo todo de luz...
UNO
La azul... o la verde... la azul. Si. Zip up y la valija esta lista.
20 pasos hasta la puerta. 20... agarro la valija. 19... 18... 17...16... la puerta vaiven que me golpea, logro atravesarla, increiblemente, con valija y todo. Varios pasos no planeados y la casa queda a oscuras. Tanteando... 10... 9... 8... 7...(se, siento que alguien, lejos, tambien camina en la oscuriada) la llave, la miro, y me guiña un ojo. 6... 5... 4... el picaporte, solo a unos pasos, brilla, señalandome el camino. 3... 2... me volteo, y volteo la valija, desde el cemento oigo como me declara la guerra. 1... la lave de nuevo. 0... un cigarillo en mano, y sombras; y Mr. Tremaine, a lo lejos, sin saber porque, vigila la curva del camino.
500 kilometros. Una par de cuadras. Grillos, grillos por todos lados. Y una puerta cerrrada. ¿Mr. Tremaine?
Lágrimas...
20 pasos hasta la puerta. 20... agarro la valija. 19... 18... 17...16... la puerta vaiven que me golpea, logro atravesarla, increiblemente, con valija y todo. Varios pasos no planeados y la casa queda a oscuras. Tanteando... 10... 9... 8... 7...(se, siento que alguien, lejos, tambien camina en la oscuriada) la llave, la miro, y me guiña un ojo. 6... 5... 4... el picaporte, solo a unos pasos, brilla, señalandome el camino. 3... 2... me volteo, y volteo la valija, desde el cemento oigo como me declara la guerra. 1... la lave de nuevo. 0... un cigarillo en mano, y sombras; y Mr. Tremaine, a lo lejos, sin saber porque, vigila la curva del camino.
500 kilometros. Una par de cuadras. Grillos, grillos por todos lados. Y una puerta cerrrada. ¿Mr. Tremaine?
Lágrimas...
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